El Santuario y sus gracias

En el origen del Santuario de Schoenstatt no se dio ninguna aparición extraordinaria, ningún sueño profético, ningún hecho deslumbrante. Simplemente nos encontramos con la plática de un sacerdote en la que propone, a un grupo de muchachos, convertir la antigua y abandonada capillita de Schoenstatt en un Santuario, pidiéndole a la Santísima Virgen que establezca en aquel lugar su morada y derrame desde allí sus gracias. Pareciera pura y simple iniciativa humana: un hombre que invita a Dios y a la Virgen a cooperar en un plan que se le ha ocurrido a él. Sin embargo, si calamos más hondo, nos damos cuenta de que esa iniciativa humana no fue lo primero, sino más bien una respuesta en la fe a la iniciativa de Dios. Lo que el Padre Kentenich hizo fue tratar de descubrir la voluntad de Dios manifestada en las circunstancias. Auscultando esas voces de Dios, llegó a la conclusión de que él le insinuaba invitar a María a establecer su trono de gracias en la pequeña capillita de Schoenstatt.

Gracias del Santuario

Las gracias principales que la Virgen María regala en el Santuario son tres: la gracia del cobijamiento en Dios; la gracia de la transformación interior en Cristo, y la gracia del envío y fecundidad apostólica.

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